Ave Fénix, Punituri Te Salutant

   El paripé o la justicia de papel

 


   AveFénix, Punituri Te Salutant

 

            La Resolución del Expediente 51/07 que contra mí viene siguiendo la Consejería de Educacióny Ciencia, comunicada el 26 de abril de 2011, me ha endiñado 9 meses desuspensión de funciones (la mitad de los 18 que pedía el Instructor en su Propuesta de Resolución –y muy lejos ya de los 60.000 euros de indemnización,más 2 años de cárcel, más 14 meses de multa que se empezaron pidiendo en este vergonzoso proceso lanzado contra mí). Esa última reducción tan abultada no se ha basado, no obstante –y muy curiosamente-, en que se hayan tenido en cuenta mis Alegaciones, que presenté el 2 de diciembre de 2010, pues la únicamención que se hace en los 27 folios de la Resolución a mi puntode vista expuesto en ellas se resuelve –como sólo lo sabe hacer quien tiene el Poder de hacerlo- en los cínicos cuatro renglones que me dedica cuando dice literalmente en su página 24 (punto SEXTO de sus Fundamentos de derecho) que “La negación de los hechos por parte del incoado, es claramente una actitud voluntarista ante la tozuda realidad que hareflejado la actividad probatoria desplegada por el Sr. Instructor que hadejado acreditada la conducta imputada al incoado”. Ni una sola línea demis 26 folios de Alegaciones ha sido siquiera sea comentada. Ni una sola de mis versiones de cada cargo que se me imputa. Pero, eso sí, otra escalera que sebaja. La penúltima como mínimo.

            La“tozuda” realidad en que me han colocado mis acusadores merecería, y nun camejor dicho, la redacción de una novela de género impredecible (aunque detítulo bien predecible) dado que, por tal de callar como fuera la boca a unnovelista real y tozudo que publicó su novela por entregas y gratuitamente en abril-junio de 2007, se ha ido montando a su costa un novelón en dos frentes que, de ser también novela, no tendría yo inconveniente en sufrir si se me ocurriera darme por aludido, pero como tozuda realidad no puede más que sonrojarme pues se trata de un engendro redactado por dos autores compinchados y dirigido, además, a dos lectores demasiado diferentes, uno del ámbito judicial y otro del ámbito educativo. ¡Y lo que es la realidad de las cosas: dos autores distintos (una directora y un jefe de Estudios de un IES),dirigiéndose a dos lectores distintos (el instructor de un juzgado de Jaén y elinstructor de un expediente de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía) únicamente pueden dar a luz un novelón con dos historias distintas, tozudas ambas, ahora sí! Veámoslas, por si coinciden en algo:

A.-Esa conducta mía tan tozuda podría tratarse, por ejemplo, de la que una directora y un jefe de Estudios contaron y firmaron ante un juez de instrucción el 8 de octubre de 2007 en los términos siguientes: “C) El denunciado aprovechando los momentos en los que se encuentra a solas con la Sra. Peña Aranda, sea al coincidir en pasillos o en otras dependencias del IES “Torre Olvidada”, la hace objeto de amenazas mediante gestos como llevarse el índice al cuello y hacer un movimiento como si cortase el mismo. El denunciado, con claro ánimo de intimidar a la Sra. Peña Aranda, la ha seguido en numerosas ocasiones a la salida del Instituto con su coche; otras veces, ha esperado con su vehículo estacionado en la antigua gasolinera de la Imora, sentido Jaén, el paso de la misma, y cuando lo ha hecho se ha situado tras ella, circulando así hasta que mi representada ha llegado a la carretera de Los Villares camino de su domicilio en Jabalcuz, y en algunas ocasiones ha esperado su paso en la rotonda de entrada a Jaén de la carretera de los Villares, “escoltándola” hasta el Instituto en Torredelcampo. Un último hito en lo que entendemos es una situación que debe hacerse cesar de forma inmediata es el hecho de que tras las actuaciones dirigidas contra la Sra. Peña,el denunciado anuncia en su página web la próxima publicación de otro texto, al cual le ha puesto el título de “El miedo comparado con el susto”, en el que aparece una calavera y dos tibias cruzadas sustituyendo a la letra o, siendollamativo el que se elabore una portada de algo que no se ha confeccionado, yque se haga una, entendemos, clara alusión a la sensación de miedo que intenta crear en la Sra. Peña, como antesala de una más que posible actuación por los indicios que con sucomportamiento está pregonando.”, Este lastre, grave en verdad, amarrado a la liviandad de darse por aludidos en mi novela, provocó inmediatamente su censura, una orden de alejamiento y tres años en espera de un juicio que nuncallegó.

            B.-Esa “conducta” anterior, sin embargo, no parece ser, ni es, la misma que cinco días antes, el 3 de octubrede 2007, narraban y contaban los dos directivos al inspector Instructor del Expediente, D. Manuel Polo García, cuando les tomaba declaración por elexpediente a las 12.15 horas a ella y a las 14.55 a él en un despachode la Delegaciónde Educación de Jaén. En efecto, en esas declaraciones de hace 3 años y medio (pero que han llegado a mi poder en el acto de Vista de expediente celebrado el22 de noviembre de 2010, es decir, hace apenas 5 meses, cuando ya el primer lector había cerrado su novelón) puede leerse en la correspondiente a D. Manuel Pestaña Cañete, el jefe de Estudios: “Preguntado si tiene conocimiento de que el Sr. Rodríguez Guzmán halla (sic) amenazado a la Directora del IES Torre Olvidada durante el curso escolar 2006/2007. Responde que no tiene conocimiento directo”. Y en la correspondiente a la directora, puede leerse: “Preguntada sobre si se ha sentido amenazada por el Sr. Rodríguez Guzmán a lo largo del curso 2006/2007. Responde que sí. Preguntada que cuando. Responde que de forma continuada. Preguntada que donde. Responde que es imprevisible porque cualquier oportunidad era buena. Por ejemplo, en algunas sesiones de Claustro con gestos y respuestas, en la Sala de Profesores, encualquier dependencia del centro. Preguntada que quién estaba presente en la Sala de Profesores. Responde que Diego Ruiz Valero, Ana María Morente Juárez”. 

            El desenlace de la primera historia (la del juzgado) acabó en un amaño conciliatorio al cabo de tres años de dilaciones del juicio, ninguna de ellas imputable al imputado. Como es preceptivo y bien sabido, el del expediente se había tenido que subrogar a lo judicial; pero, en lugar de dar ya esa primera historia por terminada, el del expediente pretende ahora dar un desenlace a su novelón apoyado en la lectura realizada por el primer lector, lo que le lleva a  hacer una mezcolanza de historias y, lo quees peor, a darlas todas por ciertas. ¡Curiosa esta tozuda realidad: todas las novelas y los novelones han de ser ciertos! Mis Alegaciones, que tal vez no han sido ni leídas, avisaban precisamente de esto, pero el del expediente no tiene empacho encima en basar su Resolución en un razonamiento jurídico que demuestra precisamente todo lo contrario de lo que pretende probar; en efecto,en la Resoluciónse repite exacta y literalmente en las páginas 6 y 22 la siguiente afirmación jurídica: “los hechos han de ser los mismos para ambos procedimientos, pues es claro que unos mismos hechos, no pueden existir y dejar de existir para los distintos Órganos del Estado”. Flagrante contradicción, pues ni uno solo de los casi 1000 renglones de la Resolución menciona ni alude a señales de cortar cuellos con un dedo, ni persecuciones de vehículos, ni portadas de futuras novelas, ni nada de nada de lo contado en el novelón leído por el del juzgado.

            Benditasea esa existencia de dos Órganos del Estado distintos pues así el uno enmienda la plana al otro aunque no lo pretenda: estamos, pues, ante un caso flagrante de denuncias falsas a un juzgado (hecho que ya denuncié yo recién iniciado esteproceso,  el 21 de diciembre del 2007, aljuez instructor D. Blas Regidor Martínez, quien decretó su archivo “por no concurrir los requisitos del tipo penal a la imputación de un delito perseguible de oficio” (sic).

Pero es que estamos también, por tratarse de la misma espiral y por el mismo razonamiento jurídico empleado, ante otro caso flagrante de acusaciones falsas ante la Administración educativa, pues los cargos a mí imputados (incluidos los tres relativos a mi novela y que son tan falsos como los de tipo judicial pues nadie en su sano juicio puede dar visos de verdad a lo contado en cualquier obra que se tilde de novela) han conformado otra especie de lastre encaminado también a silenciar al novelista real por si fallaba el primero, como si se tratara ahora de una tercera historia intercalada para incluir dentro del novelón; estos cargos son, por tanto y nuevamente, como no podía ser menos, totalmente distintos a los aducidos ante la Administración judicial y consisten ahora en nimiedades menos graves como las de: 1.-Que yo he dicho que el jefe de Estudios me propuso quele justificara mi asistencia a un entierro con un documento que dijera que “yo había estado enfermo” (¡Es que me lo propuso!), 2.-Que encerré en la Biblioteca a dos compañeros y se asustaron (¡No me veo yo tan valiente de encerrar contra su voluntad, a mis 52 años, a dos de 30 que me doblan en peso!),3.-Que yo indagaba en el curso 06-07 sobre lo que hacía la directora en e linstituto (¡Indagué durante el curso 04-05 y  denuncié todo lo indagado el 21 de Febrero de 2005 por el Registro de la Delegación!), 4, 5 y 6.- Se dan por aludidos en mi novela el inspector, la directora y el jefe de Estudios (¡Es una novela!), 7.-Que yo me negué apresidir una sesión de evaluación de mi tutoría, extraordinaria, y por segunda vez, en un 27 de Junio (¡Le dije a la directora que si no me lo ordenaba “por escrito”, no la haría pues apenas 5 días antes había retirado ella del Juzgado una denuncia contra mí y me temía que todo fuera otra de sus trampas!), y 8.-Que yo hice una broma en unas esión de evaluación respecto al alumnado absentista (Sí hice esa broma y será lo único que aceptaré de este expediente).

            En efecto, sólo aceptaría el castigo de 5 días correspondiente al cargo 8º, pero,lo que es la vida, tampoco podré aceptarlo ya que ello ocurrió en un curso anterior al 06-07, que es el correspondiente al expediente.

La muerte de Gumersindo

 

La muerte de Gumersindo

 

 

Cartapara Miguel Delibes

               Estimado Miguel y maestro:

               Ahora que te has elevado muy porencima del campo castellano y no vas a poder ya más echar con los mortales unratito de perdices, me vas a permitir que te aconseje que, allá por donde seaque circundes nuestra Tierra, aguces tu aguda vista perdicera por si encualquier recoveco sideral topa tu mirada con algún pájaro de perdiz. Situvieras esa ocasión, hazme el favor de observarlo detenidamente tú que tantosabes de eso y aprecia si se trata de un hermoso ejemplar de apenas 37 centímetros dealtura, dos espolones en cada pata y un remolinillo en la pechuga.

               Por si te entra alguna duda, loverás que entresale de una novela de la que es auténtico protagonista, y, si lesonsacas conversación, verás que se pone así a mirarte, ora a izquierdas, ora aderechas, como si te hubiera confundido conmigo en novelista. Si entablasrelación con él podrás sobrellevar el cielo que compartiréis eternamente de unmodo más terrenal y llevadero.

               Y, por favor otra vez, no teolvides de darle mis recuerdos.

               Ah, yo lo llamaba Gumersindo.

                                                                El Norte de Castilla, 17-3-2010

 

 

 

 

            Enefecto, Gumersindo murió de viejo,pero con su muerte nació en este mundo una de las relaciones más emotivas que jamáshaya tenido nunca lugar en el reino animal entre un cazador y una perdiz, entreun hombre y un pájaro, entre un personaje de novela y su autor. Su muerte fue,además, una muerte apoteósica, imponente, impensable para ningún pájaro deperdiz ni aun tratándose del más famoso de los conocidos en el mundo de lacuquillería y del reclamo. Su muerte fue, sí, así fue, digna de un pájaro denovela, digna de un personaje de ficción, digna de un diminuto pero ingente serde este mundo al que un día le llega la hora, sí, le llegó, de decirle adiós ala vida. ¿Y qué perdiz podía haber soñado nunca con una muerte distinta a lade, por poner un ejemplo, ser devorada por un aguilucho, o ser tiroteada por uncazador, o ser destrozada por un zorro, o ser arrastrada por un brocinal, o serinfectada por un virus en un voladero, o sepa Dios? ¿Qué perdiz podía habersoñado nunca con morir acariciado por su amo, estirando la pata entre dos manosamorosas, dando el último estertor recogido en un regazo, o sintiendo sobre lapechuga la tibia lágrima de un profesor de Lengua?¿Qué perdiz podía haber imaginado nunca que abandonaría este mundo con 15 o talvez más años encima, con plumitas blancas a modo de bigotito canoso, conespolones dobles y retorcidos, en la tranquilidad del asiento de un FordFiesta? ¿Qué perdiz podría haber soñado nunca con descansar eternamentedisecado en una urna de cristal sempiternamente inmaculada? ¡Sólo Gumersindo! ¡Sólo a Gumersindo pudo caberle semejante gloria un 19 de agosto de 2004!¡Y la que le siguió!

            Cuandoel profesor de Lengua echó la mañanade ese aciago día el badilito de hormigas gordas a los pies de su amado pájaroy este ni se inmutó, sintió una punzada en el estómago que le cambió alinstante la cotidiana alegría con que había cazado el centenar de suculenciasque acababa de soltar ante los pies de la perdiz dentro del voladero. Y cuandovio ya compungido que el siempreerguido animal apenas sacaba la cabeza delpelotón de plumas en que se había encogido, sospechó lo peor. Y en cuanto lepasó la mano por el lomo y vio que el pobre Gumersindo,lejos de moverse un paso hacia adelante, tropezaba y caía, se sintiódesfallecer. ¡Gumersindo estabaenfermo! ¡Un médico, por favor! ¡Un veterinario, por el amor de Dios!

            Sinperder un solo segundo, cogió el profesor de Lengua al animalito, le miró sus entreabiertos ojillos y, cualsolícito enfermero, se volcó en su ayuda como si del ser más preciado setratase. Olvidándose de jaulas y de prevenciones, se salió del voladero con elpájaro en las manos, se metió con él a todo correr en el Ford Fiesta, loacomodó como pudo en el asiento delantero derecho y, cerrando las ventanillaspor si las moscas, arrancó en dirección a Solera. Gumersindo apenas conseguía mantenerse en pie sobre la moqueta delasiento, y con el fragor de la velocidad, volcó en un par de curvas y a duraspenas logró recobrar la compostura que mantenía como educadísimo copilotoacostumbrado a aquel sillín. Cuando el profesor de Lengua dio el frenado en la puerta del veterinario del pueblo de allado, hocicó el animal y así quedó, con los ojos abiertos y perdidos, casiinmóvil.

            Conun dolor tremendo en la garganta aguantó el profesor de Lengua el larguísimo minuto que duró la visión de un moribundo Gumersindo que hacía esfuerzos sobreanimaloidesintentando tragarse la diminuta pastillita que le acababa de meter en el picoel veterinario.

            -Con esta pastillita se han salvado ya muchos. Pero este me parece a mí que estáya listo. ¡Es que tiene que tener ya por lo menos 20 años! ¿No ve usted losespolones que tiene? Mire esta pata, ¡si tiene dos y mire por dónde le apuntaya el tercero! ¡Qué pájaro tiene que haber sido!

            Lapremonición que rezumaba la última frase del veterinario le hizo al profesor deLengua un arañazo en su corazón hechoya añicos. Con enorme desaliento recogió a Gumersindode la mesa de operaciones en que yacía tumbado y como atragantado con lapastilla y se montó de nuevo en el coche para iniciar el largo camino devuelta. El pájaro, agachado como si empollara sobre el asiento, presentaba talestado de abatimiento que daba pena sólo de mirarlo: con los ojos semiabiertos,de vez en cuando se atrevía a hacer un parpadeo, y esa era la única señal queindicaba al atento conductor que aún seguía con vida. El profesor de Lengua, consciente del peligro deaccidente, había tenido que ir aminorando la marcha a velocidad casi nula pueshabía comprobado ya un par de veces que era capaz de salirse hasta en lasrectas si no dejaba de mirar al otro asiento, sobre cuyo fondo azul resaltabael marrón apagado de la perdiz. ¡Pero no podía dejar de mirar: de un momento aotro temía que la mancha marrón que no perdía un instante por el rabillo delojo se convirtiera en la blanquecina de la pechuga y eso le viniera a decir queGumersindo acababa de exhalar suúltimo suspiro! Y, con él, su última esperanza.

            Perola lucha que en aquel cochecito se estaba produciendo entre la vida y la muerteni había concluido ni dio apariencias de ello todavía: en uno de los alardesmás imponentes que puede haber hecho cualquier animal sobre la tierra, Gumersindo se incorporó de pronto en elasiento, se colocó sobre las dos patas, alzó la cabeza como en sus tiemposheroicos y se quedó mirando hacia adelante, como cuando volvía de echar sustardes de reclamo gloriosas. El profesor de Lengua,al ver aquella reacción, hubo de parar el coche ipso facto pues no podía dejarde mirar maravillado el inmenso milagro que se estaba produciendo al alcance desu mano. Con el corazón henchido de alegría pudo percibir a través de lalágrima de sus ojos cómo su lindo pajarito le volvía a mirar como hacía decostumbre, ora a derechas, ora a izquierdas, como diciendo que hasta aquíhabíamos llegado con las tonturas y los achaques de la vejez.

            -¡Vivan las pastillas y los veterinarios de todo Jaén! –casi chilló el profesorde Lengua con el mismo fervor que sihubiera estado asistiendo a una resurrección.

            Peroel efecto había sido evidente: con la misma fuerza con que se habíaincorporado, Gumersindo cayó de ladoen el asiento y estiró las dos patas a la vez. Empezó entonces a bregar y arevolverse, a dar zancadas bocaarriba, a arrugarse plumas, a retorcer elcuello, ¡y a morir! Con los ojos ya tapados por las lágrimas, el profesor de Lengua cogió al Gumersindo entre sus manos, lo dejó que diese sus dos últimosestertores y así, acariciándolo y llamándolo por su nombre, le fuerecomponiendo el plumaje hasta que quedó otra vez precioso en su mortaja.

            Sinser capaz de conducir por ahora, le puso los intermitentes al coche, se saliócon el pájaro pegado a su regazo, se sentó bajo una oliva y allí estuvollorándole hasta que sus ojos se secaron. Cuando llegó a la casa, toda lafamilia quedó conforme en que allí abajo, en el último cajón del congelador,descansaría Gumersindo hasta que,acabado el verano y desaparecidas las moscardas, alguien le hiciera el favor deembalsamarlo para, así, convertirlo en compañero inseparable en su despacho yde su vida.

 

 

 

Este relatofue galardonado con el primer premio del

II CERTAMENDE RELATO CORTO “ANTONIO SUÁREZ”

Viva el paripé

 

“El paripé o los desertor@s de la tiza”

 ha muerto. ¡Viva el paripé!

 

 

            Sr. Presidente de SPS/APIA:

 

            Durante 851 días ha afrontado mi encallecida conciencia la acusación que recibí el 19 de Noviembre de 2007 como autor de la novela antiimpunes El paripé o los desertor@s de la tiza, acusación en la que, además de orden de alejamiento y censura de novela, se me pedían dos años de cárcel, 60.000 euros de indemnización, multa de 14 meses y costas del proceso. He ido acudiendo puntualmente a las tres citaciones de juicio a que he sido convocado ante el juzgado de lo penal, de las que las dos primeras fueron suspendidas por causas ajenas a mi voluntad; aún no me creo (tal vez sea porque a la tercera va la vencida) que acusación tan penalizada haya acabado en archivo por retirada total de cargos con la mera petición de un perdón a los aludidos, petición que no tuve inconveniente en pronunciar pues así se me ofreció instantes antes de la vista y así se me aceptó por la parte acusadora. Le ruego, por ello, que inserte en este mismo lugar (y del modo que mejor considere) el documento en que le reproduzco el auto de archivo y el acta de la sesión celebrada pues a ello me comprometí ante su Señoría. Lo mismo he solicitado al Presidente de APIA/SPS.

Permítame añadirle que tengo la esperanza de que los aspectos colaterales de este asunto (cuyos inicios, como conocen de sobra sus asociados, se remontan al año 2002) acaben aquí y que las restantes vías que aún quedan abiertas por ambas partes (la del contencioso administrativo y la del expediente) terminen con nuevos acuerdos beneficiosos para todos.

           

Jaén, 20 de abril de 2010

            Juan Pedro Rodríguez

            www.juampedrino.com

 

http://juampedrino.blogspot.es/img/Recorte.pdf 

Siglo XXI; novela censurada

  El pasado 5 de Diciembre se cumplían los 24 meses de los 2 años justos (730 días afinando un poco más,... la vigésima parte de una vida, puestos al caso) de la censura judicial de la novela El paripé o los desertor@s de la tiza, de argumento evidente por el título, que había sido colgada para lectura gratuita en internet en Mayo de 2007. No ya como autor de la misma, ni siquiera como profesor de enseñanza secundaria, sino como mero ciudadano español comprometido con la dinámica histórica de mi país, me siento en la obligación vital y profesional de decir a la opinión pública, a esos dos años vista, lo siguiente:

 

1.-Me maravilla sobremanera que en pleno siglo XXI, con casi 7 lustros de democracia a cuestas, y en un país que habría de ser modelo de respeto a las libertades y derechos, se esté produciendo un hecho que sólo tendría cabida en ciertos regímenes y épocas presumiblemente lejanos en el tiempo y en el espacio.

 

2.-Más me maravilla aún que, con el nivel tecnológico alcanzado en todos los ámbitos, no haya sido el poder judicial de mi país capaz de dilucidar, no sólo si mi novela es todavía merecedora de la medida cautelar contra ella tomada, sino –lo cual es aún más grave- si yo soy culpable y merecedor de serme prohibida la libertad de expresión durante tantos días de mi vida, a mí precisamente, que nunca callé una verdad.

 

3.-Este pisoteo a mi derecho constitucional, pese a su gratuita gravedad, es sólo el remate de una sucesión de censuras previas de mi web, de destrucciones de documentos o pertenencias, de manifiestos antinovela, de claustros-encerrona, de arengas de inspector, de horarios de venganza, de aperturas de expediente, de suspensión provisional de funciones, de traslados forzosos, de órdenes de alejamiento,... que como autor he sufrido y, en cierto modo, hasta olvidado; la novela, por su parte, ni tiene memoria ni deja de tenerla.

 

4.-En cualquiera de los casos, mi presunción de inocencia lleva ya demasiado tiempo en el corredor del silencio y ansío a diario como el aire o como la página en blanco ocasión de defensa para echar por tierra todas y cada una de las múltiples acusaciones que sobre la novela o su autor han vertido quienes han logrado la censura de una mera obra de ficción.

 

5.-No puedo, en otro sentido, dejar de acusar públicamente a la práctica totalidad de organizaciones sindicales del ámbito educativo, las cuales, pese a ser conocedoras del asunto desde su inicio y durante su transcurso, consienten en que siga censurada una novela cuyo fin último –y único- fue, es y seguirá siendo la denuncia del actual estado calamitoso de la enseñanza secundaria, también hartamente demostrado por otras vías ninguna de ellas ficticia.

 

6.-Acuso asimismo al común del profesorado de enseñanza secundaria incluible en el apelativo “desertores de la tiza”, de seguir propiciando –con su irresponsable actitud profesional y con los procedimientos educativos descritos o narrados en la novela- que otra nueva generación de españoles, la segunda ya, esté siendo preparada tan desastrosamente como la última para un futuro carente de básicas expectativas y de tan pocas posibilidades de disfrute de la vida.

 

            Jaén, 8 de Diciembre de 2009

 

            Juan Pedro Rodríguez

 

            www.juampedrino.com

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